“Pegan a un borracho” – Leopoldo María Panero

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Que las drogas estimulan la telepatía, es sabido. Y el alcohol, también. Es así que por lo que “pegan a un borracho” es por la telepatía, aunque la suya sea la telepatía más asquerosa del mundo. Es así que pasamos del phantasma psicoanalítico “pegan a un niño” al phantasma metapsicoanalítico “pegan a un borracho”, siendo el borracho y el niño dos de las víctimas, así como la mujer, de esta sociedad occidental patriarcal o capitalista. De esta forma abogamos por una nueva definición del proletariado como el excluido de la sociedad, y en esa definición cabe también el loco.
Ahora bien, excluido de la sociedad quiere decir también excluido de la vida, por cuanto como es sabido el hombre es un ser social y no hay vida sin sociedad: es por ello que cambiar la sociedad es cambiar la vida, como pedía Rimbaud: Il faut changer la vie. Y es que hace falta cambiar un mundo sin alma, hacer real la religión, y no situarla Más Allá, sino aquí, como pedían las herejías medievales: aquellas eran sólo peligrosas, como mi locura, por cuanto las dos situaban a Dios del lado de acá –This Side of Paradise– de este mundo.
Es de esta manera que lo que se castiga es una pérdida del sentido, que es en verdad su hallazgo, siendo el otro sentido -la razón capitalista o la Razón- el más asqueroso de los sentidos.
La locura así no es descartar la Razón, sino ofrecerle una alternativa, como el Psicoanálisis tiene que ser el doble de la locura, su espectro o fantasma. Su redención verdadera.

EGIN, 7 de abril de 1997, página 4. [Tomado de Prosas encontradas]

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