«Como un fantasma blanco en la noche la mano de mi madre me llama»: Villena acerca de Felicidad Blanc, y un poema de Leopoldo

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Felicidad Blanc es el primer personaje de la saga Panero (después de Leopoldo padre) en desaparecer. ¿Qué fue Felicidad, además de una mujer sin duda refinada, atractiva, interesante? Tras una juventud de «niña bien» y la Guerra Civil, se casa con un alto poeta vinculado al franquismo. Como tantas mujeres de la época (veo a mi madre, más jóven) es una enamorada de su marido, con quien el matrimonio sale mal -o no bien- porque él, como la época dictaba, era machista, severo y además dipsómano. Cuando se queda viuda, con cierta sensación de fracaso, sus tres hijos, todos varones, le hacen ver que ha sido una esclava de su tiempo, de una mal entendida condición femenina y de un obsoleto modelo patriarcal de familia conservadora que el franquismo ha elevado e impuesto. Debe liberarse y rebelarse. Ella lo entiende, asiente, pero a la vez no termina de entenderlo nunca. Por eso se fabrica un modelo de perdedora romántica (se ha visto) mucho más a su medida. No obstante acompaña sin dudarlo a sus hijos -es El desencanto– en el intento, bastante logrado, de derrocar y abatir el fantasma de la familia monoándrica y castradora. ¿Qué vendría después? ¿Su mera libertad individual? Acaso llegó, pero tarde. La liberación le trajo una profunda soledad que aguzó el dispuesto romanticismo. ¿Pensó que sus hijos la acompañarían en el adentramiento de la edad? Ninguna madre inteligente puede pensar eso. Los hijos han de tener su vida propia, pero entre una cosa y otra, quizá se imaginó un punto intermedio que no llegaba. Pudo creer que se había ganado una cruzada contra el padre feroz, pero Leopoldo (según ella decía, el más delicado o especial de sus hijos desde la infancia) casi olvidado del padre, al que trató poco, se vuelve contra ella, la bruja que le empuja al espanto de los manicomios. Ahí quizá, el primer argumento se ha roto. A Felicidad deja de preocuparle el fracaso de la familia tradicional -bien fracasada- y se halla ante el más insostenible fracaso materno. Entonces se hace devota y mártir del hijo que la necesita y no le importa lo demás y lo sufre todo, incluso alguna violencia. Como en un ciclo mítico, el final es el principio. No hay éxito -si no es enormemente fugaz-, todo es fracaso y soledad, tremenda soledad. Al fin, su abismo es el sacrificio de la madre, en medio del fracaso total. Una «Pietà» donde la madre vieja sostiene al hijo joven y destruido que le escupe y besa, insulta y suplica. Es una historia llena de barrancos y ríos revueltos. Triunfo no hay ninguno, porque en este caso si la destrucción fue un éxito, lo vieron los demás. Ella se quedó (y lo llevó dignamente) con la administración de las ruinas. María, la mujer de Luis Rosales, que se decía, antaño, muy amiga tuya, te llamaba «Feli». A mí nunca me gustó, como tampoco la mujer muy corriente que lo decía. Tu madera era otra, Felicidad, y yo prefiero recordarte con tu enigmática y triste sonrisa, por tu mejor nombre y tu halo de señora fuerte en el desamparo y heroica, sin pregonarlo en modo alguno. ¡Hasta la vista, Felicidad! Y no te apures, apagaré el gas antes de irme. Nada termina como ha empezado. La soledad, con certeza, era mucho más seca y dura.

Luis Antonio de Villena, Memoria personal de los Panero (2015)

Territorio del cielo
al misterio de mi madre

Ha nevado lentamente y mi mano
Panero04escribe sobre la nieve
muy pronto se deshará mi figura
cuando el sol queme la nieve
y viole
mi blanco sudario con su espuma.
Qué lejos el mar de nosotros
qué lejos el ser.
Como un fantasma blanco en la noche
la mano de mi madre me llama
al misterio que el hombre desprecia
al misterio de la muerte.
Qué importa si eres feliz si tu mano ya no es mi mano
si no bebes ni gimes, porque sólo de la materia del dolor
puede nacer la dicha:
¿estás triste en el cielo?
¿Qué sentido tiene decir eso?
Pero tiene más sentido tu sombra en el bosque
que estos tristes hombres que recuerdan al zorro,
al lobo y a la aspa
y están condenados para siempre en la campana de la lluvia
y son mártires de la lluvia,
y tienen los ojos cerrados
para no ver detrás del cristal, cómo
en los bosques del estiércol
desfilan lentos los sapos de los muertos.

Leopoldo María Panero, Contra España y otros poemas no de amor

“Tras peleas, desencuentros y escupitajos, viene a resultar que el drama mayor y la belleza de la saga de los Panero está en el lírico encuentro entre madre e hijo, entre Leopoldo y Felicidad. Debe tenerse en cuenta. Concluyendo, viene a resultar lo más emocionante, lo más singular de todo el drama.” (Luis Antonio de Villena)

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