La prohibición de la infancia (II) – Leopoldo María Panero

1394065028_740215_0000000000_noticia_normal

Como dijera Ezra Pound, citando unas palabras del cura José María Elizondo, “hay aquí mucho catolicismo – (sounded catolithismo) – y muy poco reliHion”: porque la religión es asunto del espíritu y no de las letras, y parece ser que en este Reino, por así decirlo, sólo la letra y la blasfemia se consideran como virtud y pecado, y no lo que los chinos llamaran yen o “virtud de lo humano”, que está lejos de ta hio o “cantidad de lo humano”, con lo que se quiere decir que un hombre noble puede, como Hércules, proclamando su virtud, destruir a la Humanidad, como un loco de aquí, de Mondragón, que se proclama noeniano y reivindica el Arca de Noé, por cuanto no hay en esta tierra nada que recuerde lo humano.
O si queréis, Sodoma y Gomorra, donde no es precisamente la homosexualidad lo que debe castigarse, sino la falta de yen o “virtud de lo humano”, y eso que falta a lo humano es la infancia o la locura, como pontificara en esta dirección San Pablo: “Busca la piedra que el constructor ha descartado: he aquí la piedra angular”; o Nicolás Flamel, uno de los padres de la alquimia: Notre Pierre est couverte de fiente et d’excréments; o bien en latín, in stercore invenitur, en el estiércol lo encontrarás, perdido en el manicomio y cubierto de heno y de excrementos: porque lo que todo el mundo busca es ese deseo maldito de la infancia, es el deseo, y el deseo niega al “yo”, pero puede por fin hablar y devolvernos la infancia masacrada por la sociedad, pero no por toda sociedad, sino tan sólo por la sociedad capitalista u occidental, que es la única que niega el deseo tan radicalmente como para que de ella no reaparezca la última luz, que adviene cuando a oscuridad lo domina todo.
“¡Ah, el rey con corona! Todas las noches lo veo”, el rey cuya muerte es la luz, como dijera Ronald D. Laing -demoledoras palabras de Laing- en The Politics of Experience and the Bird of Paradise, olvidando que no hay espacio oloroso alguno, porque cuando Mary Barnes pinta la pared de mierda no quiere decir sino lo más obvio -el sello de la carta robada-, esto es, no quiere decir más que la verdad: y la verdad es que la familia, lo mismo que el manicomio, son dos colonias penitenciarias y dos lugares de castigo y de represión para prohibir el deseo y negar la luz y lo humano.

EGIN, 24 de marzo de 1997, página 6. [En Prosas encontradas]

Anuncios