La identidad como problema esquizofrénico – Leopoldo María Panero

Wo es war söll Ich werden.
Sigmund Freud

La palabra latina persona significa, como es sabido, máscara. Tras ella no hay nada: como dijo la zorra, “cerebrum non habet”, tras de la escena teatral parece ser que no hay nada. Ello quiere decir que la locura, creadora de la única identidad que hacer puede, ni es ni no es, sino que es un hacerse, un devenir y ninguna mismidad. Es así que el psiquiatra busca en vano el contenido de la locura y deja en su recorrido de una ausencia un triste reguero de nosogramas.

Tales nosogramas aluden sólo a una muy célebre censura, a la prohibición de lo que de otro modo sería un hacerse a partir de la nada. Sin embargo, tal parece que exista una cierta esencia, por más que prohibida, ya que la presencia de lo prohibido se repite, bajo la forma de tales nosogramas, de una manera que puede ser significativa.

Pero para descubrir una tal mismidad es preciso prescindir de la noción de cogito o conciencia y acudir, tras de la barrera de la identidad, a la noción de alma como la de un hacerse, a la noción de un espíritu artaudiano, de un bello Pesanervios, más allá de cualquier reificación del espíritu, llámese ésta mente o aparato psíquico, que son nociones derivadas de la máquina médica.

Contra lo que tal máquina opina, ni siquiera el cuerpo es objetivo, como supiera la fenomenología husserliana. El cuerpo es también un hacerse,un cuerpo subjetivo o fenomenológico, y tras de la gestualidad amanerada del sujeto está la payasada del loco, inventora de la única posible identidad. Ésta es aquella en la que el hombre ríe de sí mismo, y baila fuera de lugar y de espacio, en ese terreno de la locura que fuera hasta hoy terreno de nadie.

Neurótico

Oú, tis, oú tis, ninguno, dijo Ulises, es el nombre de lo mío y el de mis amigos, y del mismo modo Otto Rank opina que la identidad del neurótico es una obra de arte, y que ésta debe ser objeto de una creación verdadera, en lugar de como otros pensar que hay que volver, tras de la locura, a una mismidad perdida. La identidad es una función, no una estructura; de otro modo, de ser aquélla verdaderamente una estructura, jamás se la perdería, o de perderse aquélla sería para devolvernos nada, y no habría como hay contenido gratificante en la llamada locura.La única conciencia abstracta que existe no es la conciencia real, humedecida por la emoción o el trance, sino la conciencia psiquiátrica, inventora de una razón que puede dañarse o perderse, pero que efectivamente no existe, pues de existir aquélla como conciencia intacta no podría ni dañarse ni perderse. Por el contrario, el loco opina que si Cristo, que si el Anticristo, y produce una voluntad napoleónica que testimonia de un cambio real y apocalíptico en la percepción. Ésta es la peste que Lacan quería devolver al psicoanálisis, el testimonio de un cambio real en el sujeto, de una subversión del sujeto muy distinta de: su mera pérdida o aérea ausencia, porque tal parece que el sujeto psiquiátrico sea el alma bella hegeliana, al igual que aquélla se desvanezca como una nube en el aire.

Freudiano

Por el contrario, nosotros ofrecemos al hombre freudiano la noción de psicoanálisis como labor improbus, como empresa alquímica, y decimos del loco que no sólo es un héroe, sino el único héroe posible, por cuanto sólo él es él mismo, mientras que el sujeto tan sólo se parece a él, es decir, que es tan sólo una ficción, una “leyenda épica”, como afirmara Lacan de la enajenación del yo.

El yo es, en efecto, para Lacan el resultado de una sucesión de enajenaciones, y si puede romperse en los actos fallidos o en la tragedia de los sueños es por cuanto no es realmente él mismo, sino tan sólo su sueño o su propia mentira.

De ese sueño, al despertar a una luz más clara del alma, tras de su noche oscura, testimoniará tan sólo la imago, el phantasma deesquizofrenia que dibujara en mí otra presencia, llamada William Wilson, el doble, mi doble, el cuerpo, los ojos de Don Juan en la memoria de una mujer.

Artículo publicado en El País de Madrid, el 4 de noviembre de 1987.