“Dejar de beber” (Algunas observaciones sobre la verdad) – LMP

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In vino veritas; lo que hace de nosotros una caricatura, en el alcohol, es el desbordamiento de la máscara, de la persona, esto es, la aparición de la verdad. Es así que la verdad, en el alcohol como en la locura, tiene siempre apariciones catastróficas. Todo hombre tiene miedo de la verdad.
La verdad aparece también en los sueños, sólo que disfrazada, condensada y desplazada, según las leyes de un lenguaje que no es propio de la vida. La verdad es torpe, bestial, avanza a zarpazos y no por el camino recto: como el sexo.
Pero la verdad no es el cuerpo: como Yeats escribió, sin saber que era para Marilyn Monroe: “sólo Dios, querida, te amará por ti misma y no por tus cabellos rubios”, y al decir Dios no me refiero al Dios cristiano, que no es de verdad, sino al Kwoth de los nuer, término que se puede traducir por “monstruo humano”, como si la verdad sólo pudiera tener la forma inefable del monstruo, la razón de la errata o del accidente.
La vida, fuera del alcohol, es la contemplación del humo y del cigarrillo, la pesquisa de la palabra fuera de la situación, y de la máscara que cae al suelo, humillándose, para luego recomponerse tal como en una infernal película de dibujos animados. Todo hombre huye de la catástrofe.
Y, sin embargo, la catástrofe nos hablaba, la catástrofe era nuestra mirada y veíamos por el ojo del culo.
Ello, aunque a la mañana siguiente a la noche de borrachera fueran las moscas las que nos señalaran el camino. No es extraño que el alcohólico no recuerde nada.
Dejar de beber, por el contrario, ser un absoluto beginner, es ponerse a contrapelo de la vida, saber que todo es una lucha en la que “qui non dupe erre”, quien no engaña erra, y el único Maestro posible es el maestro de la hipocresía, hábil y ducho en el arte de mentir, supremo en el gesto de esconderse.
En lugar de estar “enfermo”, como se dice del que no tiene más que una sola cara, creer en la vida como una enfermedad.
Con todo ello queremos decir que, al menos desde un punto de vista ético, todo está invertido, y lo que parece malo es bueno y viceversa. Así, por ejemplo, el alcohol, que es bueno y divertido salvo por sus consecuencias sociales, así como por el éxtasis místico al que bien puede compararse la locura, mientras que el ser normal es un hombrecillo cacorro que ha dejado, para siempre, de beber.

ABC, 26 de octubre de 1991, páginas 126-127. [Tomado de Prosas encontradas]

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