“El que no sirve para nada” – un poema de Leopoldo Panero Torbado

Leopoldo Panero

A Dionisio Ridruejo

Porque Miguel es torpe, porque Miguel no sirve para nada.
Porque no sirve para nada, como el arrebol soñoliento
de la tarde y los pájaros. Porque no sirve para nada,
como el olor de las encinas. Porque no sirve para nada
como Miguel en el umbral de las puertas. Porque es torpe
y tartamudo, como un niño que es niño;
porque besa lo absorto en lo inmediato
y se fatiga cuando corre sin fe.

Porque tiene muchos años vividos,
oscuros, esperándole. Porque Miguel se desprende de Miguel,
como un cordero viejo o que ya ha muerto entre su lana;
y se queda llorando en un rincón de ciego,
en un rincón de miedo de Miguel, pero transido de certidumbre.
Porque Miguel, irremediablemente, comprende;
y es enemigo de los listos y amigo de los tartamudos.
Porque Miguel nos ama a todos.
Porque, sencillamente, nos ama,
desde su estatua de experiencia ilusa, desde su Miguel y su niño.
Porque llevo a Miguel de Cervantes, de mi mano, todos los días.
Porque le llevo como a mi hijo, porque acaricio su estatura
todos los días. Porque no sirve para nada.

Porque le gusta la bondad de los buenos.
Porque le sube la madera ferviente de los buenos,
como una cruz que se afianza.
Porque se origina desde su risa.
Porque sólo la libertad es su límite:
digo y repito, como las olas,
lo vivo de mi corazón, lo que se llama Miguel,
lo que se ciega Miguel, lo que es España y Miguel,
lo que es amor y Miguel, lo que es niño:
lo que no sirve para nada…

de Escrito a cada instante (1949)

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